martes, 21 de julio de 2026

"La guerra no es un videojuego": el dramático llamado de un soldado boliviano desde el frente de Ucrania – Contexto sobre los voluntarios extranjeros

 



 

Mientras se investigan denuncias sobre presuntos reclutamientos de bolivianos para participar en la guerra entre Rusia y Ucrania, un sargento boliviano que combate en primera línea relata su experiencia y lanza una advertencia: "Antes de aceptar, investiguen absolutamente todo".

 

© Ivette Durán Calderón

Las denuncias sobre presuntos reclutamientos de ciudadanos bolivianos para participar en la guerra entre Rusia y Ucrania han generado preocupación y, abierto interrogantes que deberán ser esclarecidas por las autoridades competentes. En ese contexto, un boliviano que actualmente combate en Ucrania decidió hacer pública su experiencia con un único propósito: advertir a sus compatriotas sobre una realidad que, según afirma, solo puede comprenderse cuando se vive en el campo de batalla.

 

Se trata del ciudadano boliviano Luis Herbas, con quien he contactado vía WhatsApp. Al otro lado de la línea —bastante sereno y seguro de sí mismo—, me cuenta que se encuentra gozando de unas vacaciones cerca de Polonia. Luis tiene una hija y a su madre como inspiración.

Residente en España aproximadamente desde hace dos décadas, no cuenta con la nacionalidad española, pero sí con un permiso de residencia de larga duración. Asegura haber llegado a Ucrania el 1 de marzo de 2025 y formar parte de las Fuerzas Armadas de Ucrania como boliviano, con el paso de los meses lo ascendieron a Sargento Junior y, nombrado médico de combate. Un sargento junio (o sargento menor)  es un rango que corresponde a la escala de suboficiales (equivalente al código OTAN OE-3) Se sitúa jerárquicamente por encima del soldado raso y del soldado senior, pero por debajo del sargento completo. Con relación a las funciones de médico de combate, estas funciones las ejerce el personal militar voluntario especializado que brinda atención médica de emergencia y soporte vital en la línea del frente. Su misión es estabilizar a los soldados heridos bajo fuego enemigo ye intentar lograr su supervivencia durante la evacuación hacia los hospitales. Luis Herbas nunca estudió medicina, no cuenta con el título profesional, pero por las habilidades obtenidas cuando conformaba parte del SAR en Bolivia (Servicio de Salvamento y Rescate), puso sus conocimientos en práctica para atender a sus compañeros heridos en primeros auxilios y preparar su evacuación. Afirma ya haber estado al frente del conflicto bélico, en primera línea. Dependiendo de la situación permanecen entre 15, 20 o 30 días, aseguran su salida luego de esperar su relevo y se trasladan a lo que llaman "casas seguras".

Enfatiza que todo lo que relata proviene exclusivamente de su experiencia personal. Escribió algo de su experiencia en alguna red social intentando esclarecer las dudas que existen con casos de otros bolivianos que estarían desparecidos en Rusia. Nos cuenta que la realidad en Ucrania es diferente, por lo menos en su caso y en el de otros latinoamericanos, puesto que todos cuentan con un contrato, saben para qué los contrataron y reciben su salario puntualmente. Al preguntarle cuántos bolivianos están allá, nos dice que hace poco se enteró del alistamiento de otro compatriota, no sabe más.

 

Está consciente de que, entre las cláusulas de su contrato, se establece claramente lo que procede en caso de ser dado de baja en cumplimiento del servicio. Su familia también asumió esa realidad, incluyendo su actual pareja.

 

Desde el inicio de su meditado mensaje establece una diferencia que considera fundamental: "Nadie me reclutó. Nadie me engañó. Nadie me prometió un trabajo diferente", afirma.

 

Según explica, organizó personalmente su viaje, asumió todos los gastos para llegar a Ucrania, investigó previamente las condiciones existentes y habló con personas que ya se encontraban en ese país antes de tomar la decisión de incorporarse al conflicto armado. Con absoluto convencimiento, relata que los trámites iniciales en Ucrania demoran aproximadamente 90 días, hasta lograr la aprobación de ingreso, pasando, entre otras instancias, por Inteligencia y el SBU (Servicio de Seguridad de Ucrania). Desmitifica el rumor de que a los extranjeros se les otorga inmediatamente la nacionalidad. Herbas tiene su permiso de trabajo, de acuerdo a su contrato. En caso de autorevocar su decisión para retornar a España, deberá dar aviso previo, para que todo se realice conforme a contrato y conformidad por ambas partes; en tal caso, dispondría de seis meses para residir legalmente en el país antes de abandonarlo. Existe también la posibilidad de que pueda tramitar otro permiso de residencia temporal en otro rubro, en caso de decidirlo.

 

Precisamente por ello considera que existe una diferencia sustancial entre decidir voluntariamente participar en una guerra y terminar involucrado creyendo que se realizaría un trabajo completamente distinto.

Sobre los casos de bolivianos difundidos recientemente por diversos medios de comunicación, Herbas evita emitir conclusiones. Aclara que no conoce personalmente a esas personas ni puede afirmar qué ocurrió en cada caso. "Eso deberá establecerlo la investigación", señala.

Sin embargo, añade que, si las investigaciones demostraran que, si hubo personas engañadas para terminar en una zona de guerra, ello constituiría una situación profundamente injusta.

 

"La guerra no es una aventura"

 

El núcleo de su testimonio es una advertencia directa para quienes pudieran sentirse atraídos por ofertas relacionadas con el conflicto.

 

"No crean que una guerra es un trabajo cualquiera."

 

Con esa frase introduce una descripción de la realidad que, según afirma, vive diariamente.

 

"La guerra no es una aventura. No es un videojuego. Y tampoco es una forma fácil de ganar dinero."

 

Explica que la guerra significa miedo permanente, bombardeos, compañeros heridos, compañeros muertos, agotamiento físico y mental constante y la posibilidad real de no volver jamás a casa.

 

Lejos de presentar una visión idealizada del conflicto, también sostiene haber presenciado errores, desorganización y situaciones de corrupción.

Aclara que esas afirmaciones no se basan en publicaciones de internet ni en rumores, sino en hechos que, según su testimonio, ha vivido personalmente.

 

"No pretendo que mis palabras se interpreten como un acto político ni para defender o atacar a ningún país", expresa.

 

Insiste en que su único objetivo es advertir a otros bolivianos para que tomen decisiones plenamente informadas, que busquen ayuda e información en sitios serios y oficiales. Por ello recomienda investigar absolutamente todos los detalles antes de aceptar cualquier oferta relacionada con la guerra, no dejarse convencer únicamente por promesas económicas, consultar con personas que conozcan realmente esa realidad y comprender exactamente cuál será el destino y las condiciones del trabajo ofrecido.

 

Concluye recordando que una guerra puede cambiar para siempre la vida de cualquier persona y exhorta a reflexionar profundamente antes de asumir un compromiso de esa naturaleza. ”Mis palabras no pretenden convencer a nadie de venir ni de no venir, ni qué lado debe elegir, transmito mi esperanza de que nadie tome una decisión tan importante sin conocer la realidad que le espera”.

 

Una reflexión que Bolivia no puede ignorar:

 

Existe, además, un aspecto particularmente doloroso que este caso obliga a considerar. Si las investigaciones confirman que ciudadanos bolivianos han terminado incorporándose a fuerzas enfrentadas en la guerra entre Rusia y Ucrania, podría producirse una de las paradojas más trágicas de cualquier conflicto: bolivianos combatiendo contra bolivianos en bandos opuestos.

 

Hombres nacidos bajo una misma bandera, hablando el mismo idioma y compartiendo una misma patria, enfrentándose en un campo de batalla por intereses geopolíticos ajenos y por una guerra que no pertenece a Bolivia.

 

Más allá de las motivaciones individuales —económicas, personales, ideológicas o de cualquier otra naturaleza—, esa posibilidad invita a una profunda reflexión sobre la vulnerabilidad de quienes, empujados por distintas circunstancias, terminan arriesgando la vida lejos de su país.

 

Paradójicamente, ni Rusia ni Ucrania otorgan la nacionalidad sólo por aceptar el trabajo de soldado, la nacionalidad debe tramitarse de acuerdo a las leyes específicas de cada país, con sus pertinentes requisitos; lo que implica deducir que defienden una bandera ajena.

 

La bandera boliviana no ondea en esa guerra. Sin embargo, sí podrían caer bajo el fuego del conflicto ciudadanos bolivianos. Esa sola posibilidad debería conmover a la sociedad y reforzar la necesidad de investigar con rigor cualquier presunto reclutamiento irregular, así como de informar con responsabilidad a quienes pudieran ser objeto de ofertas vinculadas a un conflicto armado.

 

Ninguna promesa económica, ningún contrato y ninguna expectativa de un futuro mejor pueden hacer olvidar una verdad elemental: en una guerra siempre se pierde mucho más de lo que se gana. Y cuando quienes terminan enfrentándose comparten la misma nacionalidad, la tragedia adquiere una dimensión aún más dolorosa.

 

Vale puntualizar que, para ingresar a Rusia, los bolivianos no necesitan de un visado, pueden viajar como turistas por tiempo limitado. Lo que hagan dentro del país, es responsabilidad personal. El caso de Ucrania es diferente ya que no pertenece a la Comunidad Europea ni al Territorio Schengen, por lo que los requisitos los establece el propio país.

Anexo necesario:

La Legión Internacional de Defensa de Ucrania: contexto sobre los voluntarios extranjeros

 

Con el propósito de aportar contexto al testimonio de Luis Herbas, resulta de interés el reportaje "Cómo luchan los extranjeros por Ucrania"1, escrito por Volodymyr Patola y publicado por la Legión Internacional de Defensa de Ucrania, mismo que he intentado resumir de la mejor manera posible:

 

El trabajo periodístico presenta la experiencia del sargento subalterno ucraniano Rostyslav Fedorko, quien pasó del activismo cívico y cultural al servicio militar tras la invasión rusa a gran escala. Según el reportaje, Fedorko se incorporó a las Fuerzas Armadas de Ucrania en 2023 y actualmente forma parte de la Legión Internacional de Defensa de Ucrania, integrada por militares ucranianos y voluntarios extranjeros.

 

De acuerdo con el relato recogido por Patola, en esa unidad sirven representantes de alrededor de treinta países. Fedorko describe una convivencia basada en el respeto mutuo, la cooperación y la disciplina, donde personas de diferentes culturas comparten el mismo objetivo militar sin perder su identidad nacional.

 

El reportaje recoge también sus observaciones sobre algunos de esos contingentes internacionales. Destaca la organización y autodisciplina de los voluntarios japoneses; la capacidad de organización, iniciativa y compañerismo de británicos y neozelandeses; y el sentido del humor, la espontaneidad y el orden cotidiano de numerosos voluntarios colombianos, incluso en condiciones extremas de combate.

 

Fedorko sostiene que las situaciones límite revelan el verdadero carácter de las personas y afirma que, en muchos casos, quienes parecen menos disciplinados en la rutina terminan mostrando una extraordinaria capacidad de resistencia y valentía durante los combates más intensos.

 

El reportaje también expone que la Legión Internacional de Defensa de Ucrania funciona como parte de las Fuerzas Terrestres de las Fuerzas Armadas de Ucrania y señala que los ciudadanos extranjeros pueden incorporarse mediante un contrato de servicio militar, gozando —según la información institucional publicada por la propia Legión— de los mismos derechos y obligaciones que el resto de los militares ucranianos.

 

Este contexto no modifica ni sustituye las investigaciones en curso sobre los presuntos reclutamientos de ciudadanos bolivianos para participar en la guerra. Sin embargo, permite comprender que, junto a los casos que pudieran involucrar engaños o captaciones irregulares, también existen mecanismos institucionales mediante los cuales ciudadanos extranjeros deciden incorporarse voluntariamente a las Fuerzas Armadas de Ucrania.

 

1Fuente: Volodymyr Patola, "Cómo luchan los extranjeros por Ucrania", publicado por la Legión Internacional de Defensa de Ucrania.

*Ivette Durán Calderón es jurista e investigadora; experta en inmigración, extranjería, protocolo diplomático internacional y servicio consular. Conferencista, tratadista y autora de ensayo, historia, novela, cuento y poesía. Radica en Europa. En imprenta: “ORBE (Organización de Residentes Bolivianos en el Exterior) trasfondo social de la emigración boliviana”; “Libro Blanco de la Política Consular Boliviana”. ivettedurancalderon@gmail.com  orbebolivianosexterior@gmail.com – WhatsApp +34681983120

Nota de Autoría y Registro Editorial MIL (Mujeres en la Industria Literaria): Este artículo constituye una reconstrucción periodística formal basada en el testimonio oral y escrito del protagonista. Distingue claramente los hechos investigados, desarrolla su mensaje sin omitir las ideas y sentires esenciales, concluyendo con una reflexión ética que no afirma hechos no comprobados, sino que plantea una posibilidad condicionada a lo que determinen las investigaciones. Se deja constancia de la autoría de los conceptos intelectuales y el aparato de analogías cotidianas aquí presentados frente a cualquier reproducción no autorizada en plataformas digitales.

viernes, 17 de julio de 2026

La paradoja de la barbarie: el racismo que consume la ciencia que lo sostiene Ivette Durán Calderón

El racismo moderno no es exclusivo de las calles ni de un solo rostro; es una patología colectiva que coloniza con frecuencia las instituciones y los micrófonos.

© Ivette Durán Calderón

 Los afrodescendientes han realizado contribuciones fundamentales en todas las ramas científicas, desde la medicina hasta la exploración espacial. Superando barreras raciales históricas, sus investigaciones han salvado millones de vidas, revolucionado las telecomunicaciones y sentado las bases de tecnologías actuales como el GPS.

​Hace años, cuando las dinámicas de la movilidad humana empezaban a reconfigurar nuestras sociedades, escribí un texto titulado Un día sin inmigrantes(1). Nació de una profunda convicción multicultural que consolidé al educar a mis propios hijos bajo las páginas de Papá, ¿qué es el racismo?, de Tahar Ben Jelloun; un libro que adquirí hace más de dos décadas en Estados Unidos, con el propósito firme de enseñarles a convivir sin complejos, respetando la dignidad del prójimo. Recientemente, al rememorar aquellas reflexiones durante una disertación en Italia, advertí que las estructuras del prejuicio no han mutado en esencia; simplemente han sofisticado su cinismo.

​Hoy, observo desde España —el país donde radico— cómo germina una preocupante intolerancia hacia la inmigración africana. Este fenómeno, alimentado por la percepción ciudadana de un favoritismo gubernamental mediante regularizaciones masivas y simulaciones de asilo —que algunos interpretan como una estrategia para asegurar futuros votos agradecidos—, está tensando el tejido social. Sin embargo, el error radica en canalizar el descontento político a través de la degradación humana y el prejuicio étnico. Sea como fuere la intención primaria, generalizar induce a estigmatizar a inocentes de manera francamente perniciosa e injusta.

​El racismo moderno no es exclusivo de las calles ni de un solo rostro; es una patología colectiva que coloniza con frecuencia las instituciones y los micrófonos. Lo vemos cuando una senadora paraguaya intenta denigrar al futbolista Kylian Mbappé llamándolo "bruto", afirmando que "en vez de leche materna, chupaba cocos" y tildándolo de "camerunés colonizado", lejos de disculparse, acto seguido se ratifica con adjetivos descalificativos indignos. Expresiones vulgares, frases peyorativas encuadradas dentro de la descortesía verbal que no requieren adjetivos adicionales: se retratan solas. Lo vemos también en el ciudadano común que repite consignas xenófobas en el transporte público o en el burócrata que frunce el ceño ante el inmigrante. Estos insultos revelan siempre mucho más de quien los pronuncia que de quien los recibe. No rebajan la estatura de un campeón del mundo ni la de un trabajador honesto; exponen en pleno siglo XXI una ignorancia satírica dirigida al que considera objetivo vulnerable ante palabras errantes intentando desconocer el poder de su nombre y sus propios actos. La paradoja central de tal escabrosa circunstancia, es que, Paraguay es una de las sedes inaugurales del mundial de fútbol 2030, el ídolo francés Mbappé posiblemente juegue en ese país recibiendo la ovación merecida, para entonces la legisladora Amarillo habrá concluido su mandato el año 2028.

​La verdadera tragedia de la mentalidad racista radica en su profunda, inevitable y diaria dependencia de la genialidad de aquellos a quienes pretende despreciar. El prejuicio es ciego pero, sobre todo, profundamente hipócrita. Si observáramos un día cualquiera en las vidas de distintas personas que alimentan estos discursos de odio, veríamos cómo su cotidianidad está sostenida, de forma estrictamente cronológica, por una deuda histórica e irreversible con la ciencia aportada por africanos y afrodescendientes, aquellos genios que cambiaron al mundo, después de cambiar el mundo4:

1791: Al caer la noche, un influyente ideólogo de extrema derecha sueña con el centro del poder político

occidental; ignora que la capital de los Estados Unidos conserva la huella de Benjamin Banneker. Este astrónomo y matemático construyó uno de los primeros relojes mecánicos de madera del país y, tras memorizar los planos detallados, colaboró de manera decisiva en la delimitación y planificación urbana de Washington D.C.

​1821: A media tarde, una mujer que suele quejarse de los recién llegados en su barrio acude a la tintorería a recoger un vestido formal; no sabe que Thomas L. Jennings se convirtió en el primer afrodescendiente en recibir una patente estadounidense (Patente US 3,306X) por inventar, precisamente, el método de limpieza en seco conocido originalmente como dry scouring.

​1872: Un empresario que murmura comentarios despectivos en su fábrica utiliza maquinaria pesada de alta eficiencia, beneficiándose directamente del ingenio de Elijah McCoy. Sus patentes de lubricadores automáticos para trenes revolucionaron el transporte y la industria, arraigando su apellido en la cultura anglosajona bajo la expresión universal “The Real McCoy” para certificar que algo es auténtico y de la máxima calidad.

​1887: Un funcionario público evita conversar con su compañero en la larga fila donde se tramitan las ayudas para familias numerosas, enfadados ambos por tener de vecinos a una pareja extranjera que conversa animadamente en un idioma que no entienden, todos a su turno, con humildad o mirada altiva terminarán entrando al ascensor de una sede gubernamental; las puertas automáticas que evitan que terminen aplastados operan bajo el diseño patentado por su inventor: Alexander Miles.

​1892: Una ciudadana prejuiciosa plancha su ropa esmeradamente para asistir a una manifestación antiinmigración; emplea para ello la tabla de planchar portátil y plegable, un diseño perfeccionado y patentado por Sarah Boone.

​1893: Un cirujano que tolera comentarios xenófobos en los pasillos del hospital entra a quirófano para salvar una vida; olvida que es gracias al doctor Daniel Hale Williams, quien en este año pasó a la historia de la medicina al realizar una de las primeras cirugías exitosas de pericardio a corazón abierto.

​1915: Un paciente que propaga discursos de superioridad étnica acude a tratarse una afección infecciosa de la piel; la ciencia médica que lo cura recuerda a Alice Ball, la brillante química que a los 23 años desarrolló el "Método Ball", el tratamiento inyectable más efectivo contra la lepra a principios del siglo XX.

​1923: Un conductor impaciente detiene su vehículo civilizadamente al ver cambiar la luz de la vía; respeta el sistema de control de tráfico de tres posiciones patentado por Garrett Morgan, el mismo inventor afrodescendiente que salvó miles de vidas con su máscara de seguridad contra gases.

​1940: Un comensal intolerante almuerza un sándwich de alimentos frescos transportados desde miles de kilómetros de distancia; consume el resultado de la cadena mundial de frío creada por Frederick McKinley Jones, inventor del sistema de refrigeración móvil para camiones y vagones.

​1944: Un detractor del mestizaje cultural es sometido con éxito a una transfusión de plasma de emergencia; su supervivencia descansa sobre los hombros del doctor Charles Drew, pionero en la conservación de fluidos vitales que organizó los primeros bancos de sangre del mundo, y de Vivien Thomas, el técnico que diseñó los procedimientos quirúrgicos esenciales para corregir el síndrome de los "bebés azules" por cardiopatías congénitas.

​1962: Una política sectaria se acomoda frente a los micrófonos de la prensa parlamentaria para lanzar su próxima arenga; confía su voz a la tecnología electroacústica del micrófono de lámina de polímero cargada (electret), co-inventado por el científico James West, un estándar presente hoy en el 90% de los teléfonos y grabadoras del planeta.

​1969: Un escéptico de la integración social sintoniza un documental espacial en su salón; difícilmente asimila que los cálculos orbitales que llevaron al ser humano a la Luna en la misión Apolo 11 fueron estructurados por las mentes extraordinarias de tres matemáticas de la NASA: Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson.

​1970 (Década): Un joven radical consulta su teléfono móvil y a través del identificador de llamadas se entera de quién se trata y decide poner la llamada en espera; esa infraestructura contemporánea de las telecomunicaciones se fundamenta en las investigaciones en física teórica y subatómica desarrolladas por la doctora Shirley Ann Jackson en los laboratorios Bell.

​1986: Una anciana recelosa de los extranjeros es operada con éxito de la vista; sus ojos vuelven a ver gracias a la doctora Patricia Bath, inventora del Laserphaco Probe, el dispositivo láser que revolucionó la extirpación de cataratas.

​1999: Un tertuliano enciende su ordenador para redactar una columna cargada de prejuicios; la velocidad de procesamiento de su máquina responde al liderazgo del ingeniero Mark Dean, co-creador de la arquitectura de bus que permitió conectar periféricos y director del equipo de IBM que desarrolló el primer chip de un gigahertz.

Mientras escribo acuden a mi mente las imágenes de la película Talentos Ocultos, que cuenta la época —en plena segregación racial—, en que brillaron mujeres matemáticas- [citadas en líneas precedentes] de la carrera espacial: Dorothy Vaughan, experta en programación; Mary Jackson, primera ingeniera negra de la NASA; Christine Darden matemática e ingeniera aeronáutica, experta en estampidos sónicos.

​En cuanto a navegación contemporánea: Un conductor extraviado consulta el GPS para ubicarse en la ciudad; su trayecto es guiado por los modelos matemáticos y la programación de satélites de Gladys Mae West, cuya precisión geodésica hizo posible la existencia del sistema de posicionamiento global.

Consideremos también que, si un terrateniente decidiera hoy mismo fortalecer sus tierras optimizando la productividad del suelo mediante técnicas de rotación de cultivos, estaría recogiendo de forma directa el legado científico de George Washington Carver, desarrollado a inicios del siglo pasado.

​A lo largo y ancho de las naciones, desde que abren los ojos hasta que los cierra cualquier emisor de odio, la sociedad vive rodeada, protegida y sostenida por el talento y la disciplina de personas afrodescendientes quienes, pese a las limitaciones propias de la época, han realizado contribuciones fundamentales en todas las ramas científicas, desde la medicina hasta la exploración espacial. Superando barreras raciales históricas, sus investigaciones han salvado millones de vidas, revolucionado las telecomunicaciones y sentado las bases de tecnologías actuales como el GPS. He ahí la paradoja más extraordinaria y perversa del prejuicio: despreciar explícitamente a quienes, desde el silencio del laboratorio y el rigor de la academia, han construido el tejido del mundo del que estos agresores se benefician a diario. Confían su salud a su medicina, orientan su rumbo con su tecnología y proyectan su voz con sus patentes, mientras les niegan el respeto humano más elemental.

​El odio, afirmaba Mandela, se aprende; pero la ignorancia también. Y cuando ambas patologías se arraigan en el debate público y se multiplican en las calles, dejan de ser una lacra personal para transformarse en oprobio colectivo. El prejuicio suele caminar de la mano del desconocimiento, pero la historia —la verdadera historia de la ciencia— se encarga siempre ubicar a cada quien en su sitio: a los bárbaros donde están con sus cinco minutos de fama y a los genios en la inmortalidad.

​Por ello, frente a la complejidad del panorama migratorio actual y la tentación de caer en el desprecio hacia el diferente, vuelvo de manera recurrente al libro4 de Tahar Ben Jelloun que marcó la educación impartida a mis hijos y me ayudó a forjar el criterio de mis discípulos. Al final del diálogo con su padre y con la lección aprendida, la hija también pronuncia una frase muy recordada por su inocencia y contundencia:

​"—Papá, voy a decir una palabrota: el racista es un cabrón.

—La palabra es suave, mi niña, pero es bastante justa."

1https://ivettedurancalderon.blogspot.com/2008/05/un-dia-sin-inmigrantes.html  (2008)   https://www.enplenitud.com/un-dia-sin-inmigrantes/

2"Cambiar al mundo": Se utiliza la preposición "a" porque "el mundo" se refiere a la sociedad o al conjunto de personas. Indica que los genios transformaron la mentalidad, la cultura o la forma de vida de la humanidad.

3 imagen IA 4 libro ¿Papá qué es el racismo? de Tahar Ben Jelloun

4 «Cambiar el mundo», se enfoca en modificar el entorno o la sociedad de forma externa (hacer cosas por la humanidad o el planeta. «Cambiar al mundo», añadiendo la preposición "a" suele usarse para hablar del crecimiento personal, que significa cambiar uno mismo, al cambiar y transformarte, cambia tu forma de ver y tratar tu entorno.IDC

Ref: Mujeres negras que cambiaron el mundo de Zinthia Palomino y Nina Sefcik

https://mujeresnegrasquecambiaronelmundo.es/libro/mujeres-negras-en-la-ciencia/

​*Ivette Durán Calderón es jurista e investigadora; experta en inmigración, extranjería, protocolo diplomático internacional y servicio consular. Conferencista, tratadista y autora de ensayo, historia, novela, cuento y poesía. Radica en Europa. En imprenta: “ORBE trasfondo social de la emigración boliviana”; “Libro Blanco de la Política Consular Boliviana”. ivettedurancalderon@gmail.com  orbebolivianosexterior@gmail.com – WhatsApp +34681983120

Nota de Autoría y Registro Editorial MIL (Mujeres en la Industria Literaria): Este artículo constituye una reconstrucción periodística formal basada en la ponencia original dictada por la escritora e investigadora Ivette Durán Calderón en el marco de su agenda cultural internacional. Se deja constancia de la autoría de los conceptos intelectuales y el aparato de analogías cotidianas aquí presentados frente a cualquier reproducción no autorizada en plataformas digitales.



viernes, 10 de julio de 2026

Diplomacia frágil, consulados exigidos y una diáspora que sostiene al país. - Ivette Durán Calderón *



El servicio exterior boliviano atraviesa un desequilibrio estructural que combina una diplomacia debilitada, un sistema consular sobreexigido y una diáspora que se ha convertido en uno de los principales soportes económicos del país. En este contexto, la falta de profesionalización y de meritocracia en la carrera diplomática, sumada a la implementación parcial de herramientas digitales consulares, abre un debate urgente sobre la capacidad del Estado para representar y atender a sus ciudadanos en el exterior.

Hay una paradoja incómoda en el servicio exterior boliviano: mientras millones de ciudadanos sostienen la economía nacional desde el exterior, el Estado no logra sostener, con la misma solidez, su representación fuera de sus fronteras.

La crisis comienza en la diplomacia.

No es un diagnóstico nuevo, pero sí cada vez más evidente. La falta de profesionalización, la rotación política en cargos estratégicos y la ausencia de una política exterior coherente han debilitado la capacidad del país para posicionarse internacionalmente. Como advierte el analista Jaime Aparicio: cuando la diplomacia pierde estructura, el Estado pierde presencia, influencia y capacidad de defensa de sus intereses.

En ese mismo sentido, el propio Jaime Aparicio ha reiterado que la ausencia de institucionalidad en la carrera exterior y la falta de meritocracia han convertido al servicio diplomático en un espacio vulnerable, debilitando su función estratégica y su capacidad de respuesta ante los desafíos internacionales contemporáneos.

Pero esa debilidad no se queda en el plano internacional. Se traslada directamente al ámbito consular, donde se hace tangible para el ciudadano.

Hace menos de un mes, una comisión de la Organización de Residentes Bolivianos en el Exterior (ORBE Organización horizontal creada en USA en 2000) estuvo en Bolivia con una agenda clara: visibilizar estas -entre otras falencias-, y proponer soluciones concretas. La delegación fue liderada por Ivette Durán Calderón, quien en diversas entrevistas subrayó un hecho estructural: España encabeza desde hace años el envío de remesas hacia Bolivia, consolidando a la diáspora boliviana en su conjunto, como el segundo ingreso económico más importante del país.

Esa realidad exige reciprocidad institucional.

ORBE ha sido clara en su planteamiento: es imprescindible reestructurar la Academia Diplomática y garantizar que quienes representen al país —tanto en embajadas como en consulados— sean profesionales cualificados, seleccionados bajo criterios de mérito y no de conveniencia política. La meritocracia no es un ideal abstracto; es una necesidad institucional urgente.

No solo está en juego la imagen de Bolivia ante el mundo. Está en juego el derecho del emigrante boliviano a una representación digna y a un servicio consular eficiente.

Porque si la diplomacia muestra debilidad estructural, el servicio consular enfrenta un problema distinto, pero igual de crítico: la sobrecarga.

El intento de modernización a través del consulado en línea, implementado en 2022 como parte del gobierno electrónico, prometía reducir tiempos, costos y burocracia. Sin embargo, en la práctica, esta transformación es parcial.

No todos los trámites están completamente digitalizados. Algunos requieren pasos adicionales y otros exigen presencia física. La información no siempre es clara, generando confusión y frustración. Es necesario afirmarlo con precisión: el consulado en línea no reemplaza al consulado presencial.

A esto se suma la confusión sobre los consulados honorarios. Estas representaciones cumplen funciones limitadas pero útiles: orientación, asistencia básica, enlace con autoridades locales y apoyo en gestiones simples. Sin embargo, no sustituyen a un consulado formal rentado ni emiten la mayoría de documentos oficiales.

Es necesario citar la labor de los consulados itinerantes (hoy llamados móviles), no hay un calendario fijo, no se asigna un presupuesto específico, además de no contar con una supervisión, rendición de cuentas e informe pormenorizado de sus desplazamientos. Vale sumar la necesidad de estos consulados entre países que no cuentan con representación diplomática ni consular, citar como ejemplo Nueva Zelanda y el drama que se vive actualmente ante la probabilidad de perder la regularización por no contar con pasaportes vigentes; niños que no pueden acreditar el vínculo materno porque no pueden solicitar el certificado de nacimiento de la madre. Esperan la visita del consulado itinerante boliviano de Japón o de Canadá -no hay presupuesto-, acuden al consulado de Corea del Sur, el cual, al no tener jurisdicción en Nueva Zelanda, poco o nada puede hacer sino atenderles presencialmente, con los gastos que ello implica en pasajes y estadía. Australia se encuentra en la misma situación, ya que luego del fallecimiento del cónsul honorario, dependen de los consulados itinerantes de Japón o Canadá, es eso, o viajar hasta esos países a recibir atención.

España es otro ejemplo, entre las Islas Canarias y la Península la visita del consulado itinerante se hace difícil debido a la falta de presupuesto; la cosa no es distinta en Sudamérica: Argentina es uno de los países que más consulados rentados tiene, sin embargo, hay lugares distantes al consulado más próximo, que requieren nueve horas de transporte por carretera, una población de más de 100 mil bolivianos, clama la apertura de un consulado “por lo menos” honorario. México es otro ejemplo, hay atención consular, pero no hay cónsul, las distancias que deben recorrer los compatriotas tanto para obtener una cita, solicitar el documento y además volver para recogerlo, es incomprensible.

Un problema común en todos los consulados del mundo es que los teléfonos no funcionan, no hay quien atienda con prontitud y en horario, las llamadas y, como corolario: pocos consulados ponen a disposición un número de emergencia que funcione las 24 horas. La visibilidad en las redes sociales, particularmente Facebook, resulta no menos pintoresco, ya que se limitan a repostear, compartir o reenviar las noticias de la Cancillería boliviana, colgar comunicados para atención consular de fin de semana o alguna vez, anunciar la atención del SEGIP o finalmente publicar el listado de personas que solicitaron pasaportes, vulnerando la protección de datos y derecho a la privacidad. En redes sociales su labor es performativa, causando confusión y creando desconcierto, la gente cree que cuenta con atención consular, pero en realidad no es operativa. Los problemas cruciales de los emigrantes bolivianos son invisibles ante los ojos de la propia comunidad y de las autoridades pertinentes; se vuelven visibles ante un fallecimiento, accidente, amenaza bélica, catástrofe medioambiental, o cualquier otra amenaza inesperada. Los ejemplos suman y siguen. (Fuente: Mapa consular – ORBE)

El resultado es un servicio exterior tensionado por ambos extremos: una diplomacia debilitada en su estructura y un sistema consular exigido más allá de su capacidad operativa.

Y en medio de ambos, una diáspora que no solo demanda atención, sino que aporta de manera decisiva al país.

Tal es la crisis —o la desesperación, según se vea— que distintos colectivos de connacionales bolivianos han comenzado a presentar autopostulaciones o propuestas de representación. Ciudadanos nativos de los países de acogida, han presentado su postulación en un intento de ayudar al colectivo boliviano. Incluso se ha planteado desde algunos sectores la figura de “embajador ad honorem”, lo que evidencia la magnitud del vacío institucional percibido.

Educar e informar es una tarea central de la Cancillería, mediante comunicados claros y oportunos que eviten falsas expectativas. No existen embajadas honorarias o ad honorem, por más voluntad de servicio que exista desde el exterior. Tampoco se pueden abrir consulados honorarios de un día para otro, se necesita principalmente, tanto la aceptación como la reciprocidad del país de acogida.

Es notoria la falta de un enlace entre la comunidad boliviana en el exterior, el servicio consular y el Gobierno. Una especie de Defensor del Emigrante, un Director de la Oficina de Atención al Boliviano en el Exterior, o un Inspector Itinerante del Servicio Consular. En definitiva, un interlocutor directo, independiente de la Cancillería para lograr objetivos y solucionar problemas en tiempo y forma, es la única forma de evitar que los connacionales queden en franco estado de indefensión.

La discusión ya no puede postergarse. Bolivia necesita reconstruir su servicio exterior desde tres pilares: profesionalización, meritocracia y coherencia institucional.

Porque no se trata únicamente de mejorar la imagen internacional. Se trata de responder, con seriedad, a quienes desde fuera siguen sosteniendo al país desde dentro.

(*) Ivette Durán Calderón es jurista e investigadora; experta en inmigración, extranjería, protocolo diplomático internacional y servicio consular. Tratadista y autora de ensayo, historia, novela, cuento y poesía. Radica en Europa. En imprenta: “ORBE trasfondo social de la emigración boliviana”; “Libro Blanco de la Política Consular Boliviana”.

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