domingo, 23 de agosto de 2026

Murasaki Shiribu: La mujer que escribió una novela mil años ante

 MURASAKI SHIKIBU: LA MUJER QUE ESCRIBIÓ UNA NOVELA MIL AÑOS ANTES DE CERVANTES

En la corte imperial del Japón Heian, una mujer convirtió el amor, el poder, los celos, la pérdida y la fragilidad humana en una obra que todavía hoy es considerada la primera novela del mundo.

Por: Ivette Durán Calderón

//"Las flores caen, aunque las amemos; y las cosas que hoy son bellas, mañana serán polvo.

Así es este mundo: un sueño, una sombra, una espuma."//

Hace aproximadamente mil años, en el Japón de la época Heian, una mujer perteneciente a la aristocracia cortesana escribió una obra que atravesaría los siglos y llegaría hasta nosotros como uno de los monumentos de la literatura universal: Genji Monogatari, conocido en español como La historia de Genji o El relato de Genji.

Un nombre perdido en el tiempo. Su autora es conocida como Murasaki Shikibu, aunque ese no era, estrictamente, su nombre personal. Como ocurrió con muchas mujeres de la corte japonesa de aquel período, su verdadero nombre no se ha establecido con certeza. Las fuentes sitúan su nacimiento aproximadamente entre 970 y 978 y su muerte alrededor de 1014-1025, según las distintas reconstrucciones biográficas. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos utiliza, con cautela, la fecha de nacimiento «978¿?».

Su importancia es extraordinaria: Murasaki Shikibu es ampliamente considerada la primera mujer que escribió una novela y La historia de Genji es ampliamente considerada la primera novela del mundo. La propia Biblioteca del Congreso la describe como una de las obras fundacionales de la literatura japonesa y señala que es ampliamente considerada la primera novela mundial.

Conviene, no obstante, formular esta afirmación con rigor. El concepto moderno de «novela» no existía exactamente en el Japón del siglo XI y la obra pertenece a la tradición narrativa japonesa del monogatari. Por eso, la formulación más precisa es que Genji Monogatari es ampliamente considerada la primera novela del mundo y, sin duda, una de las primeras grandes obras narrativas que reúne características esenciales de la novela moderna.


Una mujer adelantada a su tiempo

Murasaki nació en una familia de la nobleza de rango medio. Su padre fue Fujiwara no Tametoki, funcionario y hombre de gran formación literaria. En una sociedad donde la educación formal de las mujeres estaba severamente condicionada, Murasaki recibió una formación excepcional.

Fue educada en el entorno intelectual de su padre y demostró desde muy joven una capacidad extraordinaria. Las fuentes señalan que llegó a conocer los clásicos chinos, pese a que el chino clásico constituía la lengua culta de la administración y de la literatura masculina de mayor prestigio. Su talento intelectual era tan notable que su padre habría lamentado que hubiera nacido mujer.

Hacia finales del siglo X contrajo matrimonio con Fujiwara no Nobutaka, con quien tuvo una hija, Daini no Sanmi. Su esposo murió pocos años después del matrimonio. La tradición biográfica sitúa en torno a esos años el inicio de la escritura de Genji Monogatari, aunque no es posible establecer con absoluta precisión cuándo comenzó a redactarla.

Posteriormente ingresó en la corte imperial al servicio de la emperatriz Shōshi, hija del poderoso Fujiwara no Michinaga. Allí conoció desde dentro el universo aristocrático que posteriormente convertiría en materia literaria.

No escribió sobre un mundo que apenas conocía: había vivido en él.

Conocía sus ceremonias, sus códigos sociales, sus relaciones de poder, la importancia de la poesía, la música, la vestimenta, los jardines, las cartas, los silencios y las complejas relaciones entre hombres y mujeres.


La novela de un príncipe y de toda una sociedad

El protagonista de La historia de Genji es Hikaru Genji, el llamado «Príncipe Resplandeciente».

Genji es hijo del emperador, pero las circunstancias políticas hacen que pierda su condición imperial y pase a formar parte de la nobleza con el apellido Genji.

A partir de ese momento comienza una extensa narración sobre su vida, sus relaciones amorosas, sus ambiciones, sus éxitos, sus pérdidas y su progresiva confrontación con la fragilidad de la existencia.

La obra está compuesta tradicionalmente por 54 capítulos y se desarrolla a lo largo de varias generaciones. La Biblioteca del Congreso señala que narra la vida y los amores del príncipe Genji y los asuntos de sus hijos y nietos, al mismo tiempo que ofrece un extraordinario retrato de la vida cortesana japonesa durante el período Heian. La narración contiene además cerca de 800 poemas integrados en la prosa.

La Universidad Nacional de Educación a Distancia divide tradicionalmente la obra en tres grandes núcleos: el ascenso y caída de Genji; un período de transición después de su muerte; y los capítulos de Uji, centrados principalmente en sus descendientes, Niou y Kaoru.

Mucho más que una historia de amor

Reducir Genji Monogatari a una sucesión de romances sería desconocer su verdadera dimensión.

Las relaciones amorosas constituyen una parte esencial de la trama, pero a través de ellas Murasaki explora cuestiones mucho más profundas: el deseo, los celos, la soledad, la desigualdad entre hombres y mujeres, la dependencia respecto del poder, la reputación, la maternidad, la pérdida y la imposibilidad de conservar aquello que se ama.

Uno de los rasgos más extraordinarios de la obra es la profundidad psicológica de sus personajes.

Murasaki no se limita a contar lo que sucede. Penetra en los pensamientos, dudas, temores, deseos y contradicciones de quienes protagonizan la historia.

Por esta razón, la obra ha sido estudiada como un antecedente fundamental de la novela psicológica. La investigación académica de Columbia University señala que la individualización de los personajes y la representación de sus pensamientos y emociones han llevado a denominarla «la primera novela psicológica del mundo».

La mirada de una mujer sobre el poder

La grandeza de Murasaki está también en su mirada.

Las mujeres de la aristocracia Heian vivían sometidas a numerosas restricciones. Muchas dependían de los hombres para su posición social y sufrían las consecuencias de decisiones políticas y familiares sobre las que tenían escaso control.

En Genji, esas mujeres no aparecen simplemente como figuras secundarias.

Tienen deseos, inteligencia, orgullo, miedo, sensibilidad y voluntad propia. Se comunican mediante cartas y poemas; interpretan silencios; esperan; sufren; aman; rechazan; recuerdan.

Murasaki convirtió ese mundo femenino, aparentemente encerrado detrás de puertas y biombos, en uno de los grandes territorios psicológicos de la literatura.

Y lo hizo desde dentro.

El paso del tiempo como protagonista invisible

Hay una dimensión particularmente profunda en Genji: su conciencia de la impermanencia.

La belleza desaparece.

Los amores terminan.

Las personas envejecen y mueren.

Las posiciones sociales cambian.

Los hijos sustituyen a los padres.

Lo que parece eterno resulta pasajero.

Esta sensibilidad se relaciona con el concepto japonés de mono no aware, asociado a la conciencia melancólica de la fugacidad de las cosas.

Por debajo del refinamiento de los palacios, los jardines, los perfumes, los tejidos, la música y la poesía existe una sociedad marcada por la fragilidad.

Y quizá por eso la obra continúa hablándonos después de un milenio: porque detrás de la sofisticación de la corte japonesa Murasaki encontró algo universal.

El ser humano intentando aferrarse a aquello que sabe que perderá.

Murasaki Shikibu y Miguel de Cervantes: dos nombres separados por seis siglos

Existe un paralelismo inevitable y fascinante.

Murasaki Shikibu escribió La historia de Genji a comienzos del siglo XI. Miguel de Cervantes publicó la primera parte de Don Quijote de la Mancha en 1605 y la segunda en 1615.

No sería correcto afirmar que Cervantes fue «el primer hombre que escribió una novela», porque hubo otros autores y tradiciones narrativas anteriores. Lo que sí puede afirmarse es que Don Quijote es considerado una obra fundacional de la literatura occidental y una de las grandes obras asociadas al nacimiento de la novela moderna.

Así, separados por aproximadamente seis siglos y por mundos culturales completamente diferentes, Murasaki y Cervantes ocupan lugares extraordinarios en la historia de la narrativa.

Ella escribió en el Japón Heian, desde una sociedad cortesana donde la escritura femenina encontró un espacio singular.

Él escribió en la España de los siglos XVI y XVII, en una Europa que estaba transformando profundamente sus formas literarias.

Dos autores, dos civilizaciones, dos épocas.

Y una misma conquista: hacer de la ficción un instrumento para explorar la condición humana.

Una obra que sobrevivió a un milenio

El manuscrito original de Murasaki no ha llegado hasta nuestros días. La obra sobrevivió mediante copias posteriores y fue transmitida, estudiada, ilustrada y reinterpretada durante siglos.

La Biblioteca del Congreso conserva antiguas ediciones de Genji y señala que la obra ocupa un lugar central en la cultura japonesa. La versión conservada en sus colecciones está estructurada en 54 volúmenes, correspondientes a la tradición textual de la obra.

Su influencia alcanzó la literatura, la pintura, la caligrafía, las artes decorativas y, posteriormente, numerosas formas de cultura popular.

También trascendió las fronteras de Japón. Genji ha sido traducida repetidamente a lenguas modernas. La dificultad de trasladar su lenguaje, poesía, referencias culturales y sensibilidad estética convierte cada traducción en una nueva aproximación a la obra.

La Biblioteca Nacional de Japón registra, entre otras, traducciones al inglés de Edward G. Seidensticker y Royall Tyler, mientras que en español existen ediciones como las publicadas por Atalanta, con traducciones vinculadas a las versiones de Royall Tyler y Arthur Waley.

El legado de la primera novelista

Murasaki Shikibu ocupa un lugar excepcional no solamente porque escribió una obra extraordinaria, sino porque lo hizo hace aproximadamente mil años, cuando las posibilidades intelectuales y literarias de una mujer estaban profundamente condicionadas por su sociedad.

Su nombre personal se perdió.

Su manuscrito original desapareció.

Su mundo dejó de existir.

Pero su obra permaneció.

Y quizá esa sea la paradoja más hermosa de su legado: una mujer cuyo propio nombre no conocemos con certeza consiguió que su voz sobreviviera durante más de un milenio.

Murasaki Shikibu no necesitó un trono para entrar en la historia. Le bastó una pluma.

Y con ella escribió una de las obras que transformaron para siempre la literatura universal.

BREVE BIOGRAFÍA DE MURASAKI SHIKIBU

Murasaki Shikibu fue una escritora, poeta y dama de compañía de la corte imperial japonesa durante el período Heian. Su nombre personal se desconoce; «Murasaki Shikibu» es una denominación cortesana. «Shikibu» está relacionada con el cargo que había desempeñado su padre, Fujiwara no Tametoki, mientras que «Murasaki» se relaciona probablemente con un personaje femenino de Genji y con la planta utilizada para producir un tinte de color púrpura.

Su nacimiento se sitúa aproximadamente entre 970 y 978. Perteneció a una rama de la poderosa familia Fujiwara y recibió una educación excepcional para una mujer de su época.

Se casó con Fujiwara no Nobutaka y tuvo una hija. Tras la muerte de su esposo, comenzó probablemente a desarrollar Genji Monogatari. Posteriormente entró al servicio de la emperatriz Shōshi en la corte imperial.

Además de La historia de Genji, escribió un diario y dejó una importante producción poética.

Su muerte se sitúa generalmente a comienzos del siglo XI, aunque la fecha exacta continúa siendo incierta.

Su obra maestra, Genji Monogatari, escrita en el Japón Heian, es ampliamente considerada la primera novela del mundo y constituye uno de los pilares de la literatura universal.


Fuentes de consulta:

Library of Congress, The Tale of Genji y The Tale of Genji: 1,000 Years of Romance.

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), recursos sobre Genji: autora y estructura de la novela.

National Diet Library of Japan, registros bibliográficos de The Tale of Genji.

Columbia University, estudios sobre The Tale of Genji y su importancia literaria.

Archivo Privado Durán -Capel

*Ivette Durán Calderón es jurista,  investigadora activista sociocultural autora en diferentes géneros literarios y conferencista.

martes, 21 de julio de 2026

"La guerra no es un videojuego": el dramático llamado de un soldado boliviano desde el frente de Ucrania – Contexto sobre los voluntarios extranjeros

 



 

Mientras se investigan denuncias sobre presuntos reclutamientos de bolivianos para participar en la guerra entre Rusia y Ucrania, un sargento boliviano que combate en primera línea relata su experiencia y lanza una advertencia: "Antes de aceptar, investiguen absolutamente todo".

 

© Ivette Durán Calderón

Las denuncias sobre presuntos reclutamientos de ciudadanos bolivianos para participar en la guerra entre Rusia y Ucrania han generado preocupación y, abierto interrogantes que deberán ser esclarecidas por las autoridades competentes. En ese contexto, un boliviano que actualmente combate en Ucrania decidió hacer pública su experiencia con un único propósito: advertir a sus compatriotas sobre una realidad que, según afirma, solo puede comprenderse cuando se vive en el campo de batalla.

 

Se trata del ciudadano boliviano Luis Herbas, con quien he contactado vía WhatsApp. Al otro lado de la línea —bastante sereno y seguro de sí mismo—, me cuenta que se encuentra gozando de unas vacaciones cerca de Polonia. Luis tiene una hija y a su madre como inspiración.

Residente en España aproximadamente desde hace dos décadas, no cuenta con la nacionalidad española, pero sí con un permiso de residencia de larga duración. Asegura haber llegado a Ucrania el 1 de marzo de 2025 y formar parte de las Fuerzas Armadas de Ucrania como boliviano, con el paso de los meses lo ascendieron a Sargento Junior y, nombrado médico de combate. Un sargento junio (o sargento menor)  es un rango que corresponde a la escala de suboficiales (equivalente al código OTAN OE-3) Se sitúa jerárquicamente por encima del soldado raso y del soldado senior, pero por debajo del sargento completo. Con relación a las funciones de médico de combate, estas funciones las ejerce el personal militar voluntario especializado que brinda atención médica de emergencia y soporte vital en la línea del frente. Su misión es estabilizar a los soldados heridos bajo fuego enemigo ye intentar lograr su supervivencia durante la evacuación hacia los hospitales. Luis Herbas nunca estudió medicina, no cuenta con el título profesional, pero por las habilidades obtenidas cuando conformaba parte del SAR en Bolivia (Servicio de Salvamento y Rescate), puso sus conocimientos en práctica para atender a sus compañeros heridos en primeros auxilios y preparar su evacuación. Afirma ya haber estado al frente del conflicto bélico, en primera línea. Dependiendo de la situación permanecen entre 15, 20 o 30 días, aseguran su salida luego de esperar su relevo y se trasladan a lo que llaman "casas seguras".

Enfatiza que todo lo que relata proviene exclusivamente de su experiencia personal. Escribió algo de su experiencia en alguna red social intentando esclarecer las dudas que existen con casos de otros bolivianos que estarían desparecidos en Rusia. Nos cuenta que la realidad en Ucrania es diferente, por lo menos en su caso y en el de otros latinoamericanos, puesto que todos cuentan con un contrato, saben para qué los contrataron y reciben su salario puntualmente. Al preguntarle cuántos bolivianos están allá, nos dice que hace poco se enteró del alistamiento de otro compatriota, no sabe más.

 

Está consciente de que, entre las cláusulas de su contrato, se establece claramente lo que procede en caso de ser dado de baja en cumplimiento del servicio. Su familia también asumió esa realidad, incluyendo su actual pareja.

 

Desde el inicio de su meditado mensaje establece una diferencia que considera fundamental: "Nadie me reclutó. Nadie me engañó. Nadie me prometió un trabajo diferente", afirma.

 

Según explica, organizó personalmente su viaje, asumió todos los gastos para llegar a Ucrania, investigó previamente las condiciones existentes y habló con personas que ya se encontraban en ese país antes de tomar la decisión de incorporarse al conflicto armado. Con absoluto convencimiento, relata que los trámites iniciales en Ucrania demoran aproximadamente 90 días, hasta lograr la aprobación de ingreso, pasando, entre otras instancias, por Inteligencia y el SBU (Servicio de Seguridad de Ucrania). Desmitifica el rumor de que a los extranjeros se les otorga inmediatamente la nacionalidad. Herbas tiene su permiso de trabajo, de acuerdo a su contrato. En caso de autorevocar su decisión para retornar a España, deberá dar aviso previo, para que todo se realice conforme a contrato y conformidad por ambas partes; en tal caso, dispondría de seis meses para residir legalmente en el país antes de abandonarlo. Existe también la posibilidad de que pueda tramitar otro permiso de residencia temporal en otro rubro, en caso de decidirlo.

 

Precisamente por ello considera que existe una diferencia sustancial entre decidir voluntariamente participar en una guerra y terminar involucrado creyendo que se realizaría un trabajo completamente distinto.

Sobre los casos de bolivianos difundidos recientemente por diversos medios de comunicación, Herbas evita emitir conclusiones. Aclara que no conoce personalmente a esas personas ni puede afirmar qué ocurrió en cada caso. "Eso deberá establecerlo la investigación", señala.

Sin embargo, añade que, si las investigaciones demostraran que, si hubo personas engañadas para terminar en una zona de guerra, ello constituiría una situación profundamente injusta.

 

"La guerra no es una aventura"

 

El núcleo de su testimonio es una advertencia directa para quienes pudieran sentirse atraídos por ofertas relacionadas con el conflicto.

 

"No crean que una guerra es un trabajo cualquiera."

 

Con esa frase introduce una descripción de la realidad que, según afirma, vive diariamente.

 

"La guerra no es una aventura. No es un videojuego. Y tampoco es una forma fácil de ganar dinero."

 

Explica que la guerra significa miedo permanente, bombardeos, compañeros heridos, compañeros muertos, agotamiento físico y mental constante y la posibilidad real de no volver jamás a casa.

 

Lejos de presentar una visión idealizada del conflicto, también sostiene haber presenciado errores, desorganización y situaciones de corrupción.

Aclara que esas afirmaciones no se basan en publicaciones de internet ni en rumores, sino en hechos que, según su testimonio, ha vivido personalmente.

 

"No pretendo que mis palabras se interpreten como un acto político ni para defender o atacar a ningún país", expresa.

 

Insiste en que su único objetivo es advertir a otros bolivianos para que tomen decisiones plenamente informadas, que busquen ayuda e información en sitios serios y oficiales. Por ello recomienda investigar absolutamente todos los detalles antes de aceptar cualquier oferta relacionada con la guerra, no dejarse convencer únicamente por promesas económicas, consultar con personas que conozcan realmente esa realidad y comprender exactamente cuál será el destino y las condiciones del trabajo ofrecido.

 

Concluye recordando que una guerra puede cambiar para siempre la vida de cualquier persona y exhorta a reflexionar profundamente antes de asumir un compromiso de esa naturaleza. ”Mis palabras no pretenden convencer a nadie de venir ni de no venir, ni qué lado debe elegir, transmito mi esperanza de que nadie tome una decisión tan importante sin conocer la realidad que le espera”.

 

Una reflexión que Bolivia no puede ignorar:

 

Existe, además, un aspecto particularmente doloroso que este caso obliga a considerar. Si las investigaciones confirman que ciudadanos bolivianos han terminado incorporándose a fuerzas enfrentadas en la guerra entre Rusia y Ucrania, podría producirse una de las paradojas más trágicas de cualquier conflicto: bolivianos combatiendo contra bolivianos en bandos opuestos.

 

Hombres nacidos bajo una misma bandera, hablando el mismo idioma y compartiendo una misma patria, enfrentándose en un campo de batalla por intereses geopolíticos ajenos y por una guerra que no pertenece a Bolivia.

 

Más allá de las motivaciones individuales —económicas, personales, ideológicas o de cualquier otra naturaleza—, esa posibilidad invita a una profunda reflexión sobre la vulnerabilidad de quienes, empujados por distintas circunstancias, terminan arriesgando la vida lejos de su país.

 

Paradójicamente, ni Rusia ni Ucrania otorgan la nacionalidad sólo por aceptar el trabajo de soldado, la nacionalidad debe tramitarse de acuerdo a las leyes específicas de cada país, con sus pertinentes requisitos; lo que implica deducir que defienden una bandera ajena.

 

La bandera boliviana no ondea en esa guerra. Sin embargo, sí podrían caer bajo el fuego del conflicto ciudadanos bolivianos. Esa sola posibilidad debería conmover a la sociedad y reforzar la necesidad de investigar con rigor cualquier presunto reclutamiento irregular, así como de informar con responsabilidad a quienes pudieran ser objeto de ofertas vinculadas a un conflicto armado.

 

Ninguna promesa económica, ningún contrato y ninguna expectativa de un futuro mejor pueden hacer olvidar una verdad elemental: en una guerra siempre se pierde mucho más de lo que se gana. Y cuando quienes terminan enfrentándose comparten la misma nacionalidad, la tragedia adquiere una dimensión aún más dolorosa.

 

Vale puntualizar que, para ingresar a Rusia, los bolivianos no necesitan de un visado, pueden viajar como turistas por tiempo limitado. Lo que hagan dentro del país, es responsabilidad personal. El caso de Ucrania es diferente ya que no pertenece a la Comunidad Europea ni al Territorio Schengen, por lo que los requisitos los establece el propio país.

Anexo necesario:

La Legión Internacional de Defensa de Ucrania: contexto sobre los voluntarios extranjeros

 

Con el propósito de aportar contexto al testimonio de Luis Herbas, resulta de interés el reportaje "Cómo luchan los extranjeros por Ucrania"1, escrito por Volodymyr Patola y publicado por la Legión Internacional de Defensa de Ucrania, mismo que he intentado resumir de la mejor manera posible:

 

El trabajo periodístico presenta la experiencia del sargento subalterno ucraniano Rostyslav Fedorko, quien pasó del activismo cívico y cultural al servicio militar tras la invasión rusa a gran escala. Según el reportaje, Fedorko se incorporó a las Fuerzas Armadas de Ucrania en 2023 y actualmente forma parte de la Legión Internacional de Defensa de Ucrania, integrada por militares ucranianos y voluntarios extranjeros.

 

De acuerdo con el relato recogido por Patola, en esa unidad sirven representantes de alrededor de treinta países. Fedorko describe una convivencia basada en el respeto mutuo, la cooperación y la disciplina, donde personas de diferentes culturas comparten el mismo objetivo militar sin perder su identidad nacional.

 

El reportaje recoge también sus observaciones sobre algunos de esos contingentes internacionales. Destaca la organización y autodisciplina de los voluntarios japoneses; la capacidad de organización, iniciativa y compañerismo de británicos y neozelandeses; y el sentido del humor, la espontaneidad y el orden cotidiano de numerosos voluntarios colombianos, incluso en condiciones extremas de combate.

 

Fedorko sostiene que las situaciones límite revelan el verdadero carácter de las personas y afirma que, en muchos casos, quienes parecen menos disciplinados en la rutina terminan mostrando una extraordinaria capacidad de resistencia y valentía durante los combates más intensos.

 

El reportaje también expone que la Legión Internacional de Defensa de Ucrania funciona como parte de las Fuerzas Terrestres de las Fuerzas Armadas de Ucrania y señala que los ciudadanos extranjeros pueden incorporarse mediante un contrato de servicio militar, gozando —según la información institucional publicada por la propia Legión— de los mismos derechos y obligaciones que el resto de los militares ucranianos.

 

Este contexto no modifica ni sustituye las investigaciones en curso sobre los presuntos reclutamientos de ciudadanos bolivianos para participar en la guerra. Sin embargo, permite comprender que, junto a los casos que pudieran involucrar engaños o captaciones irregulares, también existen mecanismos institucionales mediante los cuales ciudadanos extranjeros deciden incorporarse voluntariamente a las Fuerzas Armadas de Ucrania.

 

1Fuente: Volodymyr Patola, "Cómo luchan los extranjeros por Ucrania", publicado por la Legión Internacional de Defensa de Ucrania.

*Ivette Durán Calderón es jurista e investigadora; experta en inmigración, extranjería, protocolo diplomático internacional y servicio consular. Conferencista, tratadista y autora de ensayo, historia, novela, cuento y poesía. Radica en Europa. En imprenta: “ORBE (Organización de Residentes Bolivianos en el Exterior) trasfondo social de la emigración boliviana”; “Libro Blanco de la Política Consular Boliviana”. ivettedurancalderon@gmail.com  orbebolivianosexterior@gmail.com – WhatsApp +34681983120

Nota de Autoría y Registro Editorial MIL (Mujeres en la Industria Literaria): Este artículo constituye una reconstrucción periodística formal basada en el testimonio oral y escrito del protagonista. Distingue claramente los hechos investigados, desarrolla su mensaje sin omitir las ideas y sentires esenciales, concluyendo con una reflexión ética que no afirma hechos no comprobados, sino que plantea una posibilidad condicionada a lo que determinen las investigaciones. Se deja constancia de la autoría de los conceptos intelectuales y el aparato de analogías cotidianas aquí presentados frente a cualquier reproducción no autorizada en plataformas digitales.

viernes, 17 de julio de 2026

La paradoja de la barbarie: el racismo que consume la ciencia que lo sostiene Ivette Durán Calderón

El racismo moderno no es exclusivo de las calles ni de un solo rostro; es una patología colectiva que coloniza con frecuencia las instituciones y los micrófonos.

© Ivette Durán Calderón

 Los afrodescendientes han realizado contribuciones fundamentales en todas las ramas científicas, desde la medicina hasta la exploración espacial. Superando barreras raciales históricas, sus investigaciones han salvado millones de vidas, revolucionado las telecomunicaciones y sentado las bases de tecnologías actuales como el GPS.

​Hace años, cuando las dinámicas de la movilidad humana empezaban a reconfigurar nuestras sociedades, escribí un texto titulado Un día sin inmigrantes(1). Nació de una profunda convicción multicultural que consolidé al educar a mis propios hijos bajo las páginas de Papá, ¿qué es el racismo?, de Tahar Ben Jelloun; un libro que adquirí hace más de dos décadas en Estados Unidos, con el propósito firme de enseñarles a convivir sin complejos, respetando la dignidad del prójimo. Recientemente, al rememorar aquellas reflexiones durante una disertación en Italia, advertí que las estructuras del prejuicio no han mutado en esencia; simplemente han sofisticado su cinismo.

​Hoy, observo desde España —el país donde radico— cómo germina una preocupante intolerancia hacia la inmigración africana. Este fenómeno, alimentado por la percepción ciudadana de un favoritismo gubernamental mediante regularizaciones masivas y simulaciones de asilo —que algunos interpretan como una estrategia para asegurar futuros votos agradecidos—, está tensando el tejido social. Sin embargo, el error radica en canalizar el descontento político a través de la degradación humana y el prejuicio étnico. Sea como fuere la intención primaria, generalizar induce a estigmatizar a inocentes de manera francamente perniciosa e injusta.

​El racismo moderno no es exclusivo de las calles ni de un solo rostro; es una patología colectiva que coloniza con frecuencia las instituciones y los micrófonos. Lo vemos cuando una senadora paraguaya intenta denigrar al futbolista Kylian Mbappé llamándolo "bruto", afirmando que "en vez de leche materna, chupaba cocos" y tildándolo de "camerunés colonizado", lejos de disculparse, acto seguido se ratifica con adjetivos descalificativos indignos. Expresiones vulgares, frases peyorativas encuadradas dentro de la descortesía verbal que no requieren adjetivos adicionales: se retratan solas. Lo vemos también en el ciudadano común que repite consignas xenófobas en el transporte público o en el burócrata que frunce el ceño ante el inmigrante. Estos insultos revelan siempre mucho más de quien los pronuncia que de quien los recibe. No rebajan la estatura de un campeón del mundo ni la de un trabajador honesto; exponen en pleno siglo XXI una ignorancia satírica dirigida al que considera objetivo vulnerable ante palabras errantes intentando desconocer el poder de su nombre y sus propios actos. La paradoja central de tal escabrosa circunstancia, es que, Paraguay es una de las sedes inaugurales del mundial de fútbol 2030, el ídolo francés Mbappé posiblemente juegue en ese país recibiendo la ovación merecida, para entonces la legisladora Amarillo habrá concluido su mandato el año 2028.

​La verdadera tragedia de la mentalidad racista radica en su profunda, inevitable y diaria dependencia de la genialidad de aquellos a quienes pretende despreciar. El prejuicio es ciego pero, sobre todo, profundamente hipócrita. Si observáramos un día cualquiera en las vidas de distintas personas que alimentan estos discursos de odio, veríamos cómo su cotidianidad está sostenida, de forma estrictamente cronológica, por una deuda histórica e irreversible con la ciencia aportada por africanos y afrodescendientes, aquellos genios que cambiaron al mundo, después de cambiar el mundo4:

1791: Al caer la noche, un influyente ideólogo de extrema derecha sueña con el centro del poder político

occidental; ignora que la capital de los Estados Unidos conserva la huella de Benjamin Banneker. Este astrónomo y matemático construyó uno de los primeros relojes mecánicos de madera del país y, tras memorizar los planos detallados, colaboró de manera decisiva en la delimitación y planificación urbana de Washington D.C.

​1821: A media tarde, una mujer que suele quejarse de los recién llegados en su barrio acude a la tintorería a recoger un vestido formal; no sabe que Thomas L. Jennings se convirtió en el primer afrodescendiente en recibir una patente estadounidense (Patente US 3,306X) por inventar, precisamente, el método de limpieza en seco conocido originalmente como dry scouring.

​1872: Un empresario que murmura comentarios despectivos en su fábrica utiliza maquinaria pesada de alta eficiencia, beneficiándose directamente del ingenio de Elijah McCoy. Sus patentes de lubricadores automáticos para trenes revolucionaron el transporte y la industria, arraigando su apellido en la cultura anglosajona bajo la expresión universal “The Real McCoy” para certificar que algo es auténtico y de la máxima calidad.

​1887: Un funcionario público evita conversar con su compañero en la larga fila donde se tramitan las ayudas para familias numerosas, enfadados ambos por tener de vecinos a una pareja extranjera que conversa animadamente en un idioma que no entienden, todos a su turno, con humildad o mirada altiva terminarán entrando al ascensor de una sede gubernamental; las puertas automáticas que evitan que terminen aplastados operan bajo el diseño patentado por su inventor: Alexander Miles.

​1892: Una ciudadana prejuiciosa plancha su ropa esmeradamente para asistir a una manifestación antiinmigración; emplea para ello la tabla de planchar portátil y plegable, un diseño perfeccionado y patentado por Sarah Boone.

​1893: Un cirujano que tolera comentarios xenófobos en los pasillos del hospital entra a quirófano para salvar una vida; olvida que es gracias al doctor Daniel Hale Williams, quien en este año pasó a la historia de la medicina al realizar una de las primeras cirugías exitosas de pericardio a corazón abierto.

​1915: Un paciente que propaga discursos de superioridad étnica acude a tratarse una afección infecciosa de la piel; la ciencia médica que lo cura recuerda a Alice Ball, la brillante química que a los 23 años desarrolló el "Método Ball", el tratamiento inyectable más efectivo contra la lepra a principios del siglo XX.

​1923: Un conductor impaciente detiene su vehículo civilizadamente al ver cambiar la luz de la vía; respeta el sistema de control de tráfico de tres posiciones patentado por Garrett Morgan, el mismo inventor afrodescendiente que salvó miles de vidas con su máscara de seguridad contra gases.

​1940: Un comensal intolerante almuerza un sándwich de alimentos frescos transportados desde miles de kilómetros de distancia; consume el resultado de la cadena mundial de frío creada por Frederick McKinley Jones, inventor del sistema de refrigeración móvil para camiones y vagones.

​1944: Un detractor del mestizaje cultural es sometido con éxito a una transfusión de plasma de emergencia; su supervivencia descansa sobre los hombros del doctor Charles Drew, pionero en la conservación de fluidos vitales que organizó los primeros bancos de sangre del mundo, y de Vivien Thomas, el técnico que diseñó los procedimientos quirúrgicos esenciales para corregir el síndrome de los "bebés azules" por cardiopatías congénitas.

​1962: Una política sectaria se acomoda frente a los micrófonos de la prensa parlamentaria para lanzar su próxima arenga; confía su voz a la tecnología electroacústica del micrófono de lámina de polímero cargada (electret), co-inventado por el científico James West, un estándar presente hoy en el 90% de los teléfonos y grabadoras del planeta.

​1969: Un escéptico de la integración social sintoniza un documental espacial en su salón; difícilmente asimila que los cálculos orbitales que llevaron al ser humano a la Luna en la misión Apolo 11 fueron estructurados por las mentes extraordinarias de tres matemáticas de la NASA: Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson.

​1970 (Década): Un joven radical consulta su teléfono móvil y a través del identificador de llamadas se entera de quién se trata y decide poner la llamada en espera; esa infraestructura contemporánea de las telecomunicaciones se fundamenta en las investigaciones en física teórica y subatómica desarrolladas por la doctora Shirley Ann Jackson en los laboratorios Bell.

​1986: Una anciana recelosa de los extranjeros es operada con éxito de la vista; sus ojos vuelven a ver gracias a la doctora Patricia Bath, inventora del Laserphaco Probe, el dispositivo láser que revolucionó la extirpación de cataratas.

​1999: Un tertuliano enciende su ordenador para redactar una columna cargada de prejuicios; la velocidad de procesamiento de su máquina responde al liderazgo del ingeniero Mark Dean, co-creador de la arquitectura de bus que permitió conectar periféricos y director del equipo de IBM que desarrolló el primer chip de un gigahertz.

Mientras escribo acuden a mi mente las imágenes de la película Talentos Ocultos, que cuenta la época —en plena segregación racial—, en que brillaron mujeres matemáticas- [citadas en líneas precedentes] de la carrera espacial: Dorothy Vaughan, experta en programación; Mary Jackson, primera ingeniera negra de la NASA; Christine Darden matemática e ingeniera aeronáutica, experta en estampidos sónicos.

​En cuanto a navegación contemporánea: Un conductor extraviado consulta el GPS para ubicarse en la ciudad; su trayecto es guiado por los modelos matemáticos y la programación de satélites de Gladys Mae West, cuya precisión geodésica hizo posible la existencia del sistema de posicionamiento global.

Consideremos también que, si un terrateniente decidiera hoy mismo fortalecer sus tierras optimizando la productividad del suelo mediante técnicas de rotación de cultivos, estaría recogiendo de forma directa el legado científico de George Washington Carver, desarrollado a inicios del siglo pasado.

​A lo largo y ancho de las naciones, desde que abren los ojos hasta que los cierra cualquier emisor de odio, la sociedad vive rodeada, protegida y sostenida por el talento y la disciplina de personas afrodescendientes quienes, pese a las limitaciones propias de la época, han realizado contribuciones fundamentales en todas las ramas científicas, desde la medicina hasta la exploración espacial. Superando barreras raciales históricas, sus investigaciones han salvado millones de vidas, revolucionado las telecomunicaciones y sentado las bases de tecnologías actuales como el GPS. He ahí la paradoja más extraordinaria y perversa del prejuicio: despreciar explícitamente a quienes, desde el silencio del laboratorio y el rigor de la academia, han construido el tejido del mundo del que estos agresores se benefician a diario. Confían su salud a su medicina, orientan su rumbo con su tecnología y proyectan su voz con sus patentes, mientras les niegan el respeto humano más elemental.

​El odio, afirmaba Mandela, se aprende; pero la ignorancia también. Y cuando ambas patologías se arraigan en el debate público y se multiplican en las calles, dejan de ser una lacra personal para transformarse en oprobio colectivo. El prejuicio suele caminar de la mano del desconocimiento, pero la historia —la verdadera historia de la ciencia— se encarga siempre ubicar a cada quien en su sitio: a los bárbaros donde están con sus cinco minutos de fama y a los genios en la inmortalidad.

​Por ello, frente a la complejidad del panorama migratorio actual y la tentación de caer en el desprecio hacia el diferente, vuelvo de manera recurrente al libro4 de Tahar Ben Jelloun que marcó la educación impartida a mis hijos y me ayudó a forjar el criterio de mis discípulos. Al final del diálogo con su padre y con la lección aprendida, la hija también pronuncia una frase muy recordada por su inocencia y contundencia:

​"—Papá, voy a decir una palabrota: el racista es un cabrón.

—La palabra es suave, mi niña, pero es bastante justa."

1https://ivettedurancalderon.blogspot.com/2008/05/un-dia-sin-inmigrantes.html  (2008)   https://www.enplenitud.com/un-dia-sin-inmigrantes/

2"Cambiar al mundo": Se utiliza la preposición "a" porque "el mundo" se refiere a la sociedad o al conjunto de personas. Indica que los genios transformaron la mentalidad, la cultura o la forma de vida de la humanidad.

3 imagen IA 4 libro ¿Papá qué es el racismo? de Tahar Ben Jelloun

4 «Cambiar el mundo», se enfoca en modificar el entorno o la sociedad de forma externa (hacer cosas por la humanidad o el planeta. «Cambiar al mundo», añadiendo la preposición "a" suele usarse para hablar del crecimiento personal, que significa cambiar uno mismo, al cambiar y transformarte, cambia tu forma de ver y tratar tu entorno.IDC

Ref: Mujeres negras que cambiaron el mundo de Zinthia Palomino y Nina Sefcik

https://mujeresnegrasquecambiaronelmundo.es/libro/mujeres-negras-en-la-ciencia/

​*Ivette Durán Calderón es jurista e investigadora; experta en inmigración, extranjería, protocolo diplomático internacional y servicio consular. Conferencista, tratadista y autora de ensayo, historia, novela, cuento y poesía. Radica en Europa. En imprenta: “ORBE trasfondo social de la emigración boliviana”; “Libro Blanco de la Política Consular Boliviana”. ivettedurancalderon@gmail.com  orbebolivianosexterior@gmail.com – WhatsApp +34681983120

Nota de Autoría y Registro Editorial MIL (Mujeres en la Industria Literaria): Este artículo constituye una reconstrucción periodística formal basada en la ponencia original dictada por la escritora e investigadora Ivette Durán Calderón en el marco de su agenda cultural internacional. Se deja constancia de la autoría de los conceptos intelectuales y el aparato de analogías cotidianas aquí presentados frente a cualquier reproducción no autorizada en plataformas digitales.



viernes, 10 de julio de 2026

Diplomacia frágil, consulados exigidos y una diáspora que sostiene al país. - Ivette Durán Calderón *



El servicio exterior boliviano atraviesa un desequilibrio estructural que combina una diplomacia debilitada, un sistema consular sobreexigido y una diáspora que se ha convertido en uno de los principales soportes económicos del país. En este contexto, la falta de profesionalización y de meritocracia en la carrera diplomática, sumada a la implementación parcial de herramientas digitales consulares, abre un debate urgente sobre la capacidad del Estado para representar y atender a sus ciudadanos en el exterior.

Hay una paradoja incómoda en el servicio exterior boliviano: mientras millones de ciudadanos sostienen la economía nacional desde el exterior, el Estado no logra sostener, con la misma solidez, su representación fuera de sus fronteras.

La crisis comienza en la diplomacia.

No es un diagnóstico nuevo, pero sí cada vez más evidente. La falta de profesionalización, la rotación política en cargos estratégicos y la ausencia de una política exterior coherente han debilitado la capacidad del país para posicionarse internacionalmente. Como advierte el analista Jaime Aparicio: cuando la diplomacia pierde estructura, el Estado pierde presencia, influencia y capacidad de defensa de sus intereses.

En ese mismo sentido, el propio Jaime Aparicio ha reiterado que la ausencia de institucionalidad en la carrera exterior y la falta de meritocracia han convertido al servicio diplomático en un espacio vulnerable, debilitando su función estratégica y su capacidad de respuesta ante los desafíos internacionales contemporáneos.

Pero esa debilidad no se queda en el plano internacional. Se traslada directamente al ámbito consular, donde se hace tangible para el ciudadano.

Hace menos de un mes, una comisión de la Organización de Residentes Bolivianos en el Exterior (ORBE Organización horizontal creada en USA en 2000) estuvo en Bolivia con una agenda clara: visibilizar estas -entre otras falencias-, y proponer soluciones concretas. La delegación fue liderada por Ivette Durán Calderón, quien en diversas entrevistas subrayó un hecho estructural: España encabeza desde hace años el envío de remesas hacia Bolivia, consolidando a la diáspora boliviana en su conjunto, como el segundo ingreso económico más importante del país.

Esa realidad exige reciprocidad institucional.

ORBE ha sido clara en su planteamiento: es imprescindible reestructurar la Academia Diplomática y garantizar que quienes representen al país —tanto en embajadas como en consulados— sean profesionales cualificados, seleccionados bajo criterios de mérito y no de conveniencia política. La meritocracia no es un ideal abstracto; es una necesidad institucional urgente.

No solo está en juego la imagen de Bolivia ante el mundo. Está en juego el derecho del emigrante boliviano a una representación digna y a un servicio consular eficiente.

Porque si la diplomacia muestra debilidad estructural, el servicio consular enfrenta un problema distinto, pero igual de crítico: la sobrecarga.

El intento de modernización a través del consulado en línea, implementado en 2022 como parte del gobierno electrónico, prometía reducir tiempos, costos y burocracia. Sin embargo, en la práctica, esta transformación es parcial.

No todos los trámites están completamente digitalizados. Algunos requieren pasos adicionales y otros exigen presencia física. La información no siempre es clara, generando confusión y frustración. Es necesario afirmarlo con precisión: el consulado en línea no reemplaza al consulado presencial.

A esto se suma la confusión sobre los consulados honorarios. Estas representaciones cumplen funciones limitadas pero útiles: orientación, asistencia básica, enlace con autoridades locales y apoyo en gestiones simples. Sin embargo, no sustituyen a un consulado formal rentado ni emiten la mayoría de documentos oficiales.

Es necesario citar la labor de los consulados itinerantes (hoy llamados móviles), no hay un calendario fijo, no se asigna un presupuesto específico, además de no contar con una supervisión, rendición de cuentas e informe pormenorizado de sus desplazamientos. Vale sumar la necesidad de estos consulados entre países que no cuentan con representación diplomática ni consular, citar como ejemplo Nueva Zelanda y el drama que se vive actualmente ante la probabilidad de perder la regularización por no contar con pasaportes vigentes; niños que no pueden acreditar el vínculo materno porque no pueden solicitar el certificado de nacimiento de la madre. Esperan la visita del consulado itinerante boliviano de Japón o de Canadá -no hay presupuesto-, acuden al consulado de Corea del Sur, el cual, al no tener jurisdicción en Nueva Zelanda, poco o nada puede hacer sino atenderles presencialmente, con los gastos que ello implica en pasajes y estadía. Australia se encuentra en la misma situación, ya que luego del fallecimiento del cónsul honorario, dependen de los consulados itinerantes de Japón o Canadá, es eso, o viajar hasta esos países a recibir atención.

España es otro ejemplo, entre las Islas Canarias y la Península la visita del consulado itinerante se hace difícil debido a la falta de presupuesto; la cosa no es distinta en Sudamérica: Argentina es uno de los países que más consulados rentados tiene, sin embargo, hay lugares distantes al consulado más próximo, que requieren nueve horas de transporte por carretera, una población de más de 100 mil bolivianos, clama la apertura de un consulado “por lo menos” honorario. México es otro ejemplo, hay atención consular, pero no hay cónsul, las distancias que deben recorrer los compatriotas tanto para obtener una cita, solicitar el documento y además volver para recogerlo, es incomprensible.

Un problema común en todos los consulados del mundo es que los teléfonos no funcionan, no hay quien atienda con prontitud y en horario, las llamadas y, como corolario: pocos consulados ponen a disposición un número de emergencia que funcione las 24 horas. La visibilidad en las redes sociales, particularmente Facebook, resulta no menos pintoresco, ya que se limitan a repostear, compartir o reenviar las noticias de la Cancillería boliviana, colgar comunicados para atención consular de fin de semana o alguna vez, anunciar la atención del SEGIP o finalmente publicar el listado de personas que solicitaron pasaportes, vulnerando la protección de datos y derecho a la privacidad. En redes sociales su labor es performativa, causando confusión y creando desconcierto, la gente cree que cuenta con atención consular, pero en realidad no es operativa. Los problemas cruciales de los emigrantes bolivianos son invisibles ante los ojos de la propia comunidad y de las autoridades pertinentes; se vuelven visibles ante un fallecimiento, accidente, amenaza bélica, catástrofe medioambiental, o cualquier otra amenaza inesperada. Los ejemplos suman y siguen. (Fuente: Mapa consular – ORBE)

El resultado es un servicio exterior tensionado por ambos extremos: una diplomacia debilitada en su estructura y un sistema consular exigido más allá de su capacidad operativa.

Y en medio de ambos, una diáspora que no solo demanda atención, sino que aporta de manera decisiva al país.

Tal es la crisis —o la desesperación, según se vea— que distintos colectivos de connacionales bolivianos han comenzado a presentar autopostulaciones o propuestas de representación. Ciudadanos nativos de los países de acogida, han presentado su postulación en un intento de ayudar al colectivo boliviano. Incluso se ha planteado desde algunos sectores la figura de “embajador ad honorem”, lo que evidencia la magnitud del vacío institucional percibido.

Educar e informar es una tarea central de la Cancillería, mediante comunicados claros y oportunos que eviten falsas expectativas. No existen embajadas honorarias o ad honorem, por más voluntad de servicio que exista desde el exterior. Tampoco se pueden abrir consulados honorarios de un día para otro, se necesita principalmente, tanto la aceptación como la reciprocidad del país de acogida.

Es notoria la falta de un enlace entre la comunidad boliviana en el exterior, el servicio consular y el Gobierno. Una especie de Defensor del Emigrante, un Director de la Oficina de Atención al Boliviano en el Exterior, o un Inspector Itinerante del Servicio Consular. En definitiva, un interlocutor directo, independiente de la Cancillería para lograr objetivos y solucionar problemas en tiempo y forma, es la única forma de evitar que los connacionales queden en franco estado de indefensión.

La discusión ya no puede postergarse. Bolivia necesita reconstruir su servicio exterior desde tres pilares: profesionalización, meritocracia y coherencia institucional.

Porque no se trata únicamente de mejorar la imagen internacional. Se trata de responder, con seriedad, a quienes desde fuera siguen sosteniendo al país desde dentro.

(*) Ivette Durán Calderón es jurista e investigadora; experta en inmigración, extranjería, protocolo diplomático internacional y servicio consular. Tratadista y autora de ensayo, historia, novela, cuento y poesía. Radica en Europa. En imprenta: “ORBE trasfondo social de la emigración boliviana”; “Libro Blanco de la Política Consular Boliviana”.

sábado, 13 de junio de 2026

Aquellos devoradores del tiempo ajeno, los temibles cronófagos.

© Ivette Durán Calderón

Poco se ha escrito acerca de los cronófagos, al punto de que muchas personas piensan que es un sustantivo inventado por alguien; incluso han asociado este término con el de misógino y lo confundieron con el de coprófago y con el de cronógrafo. Sylvia Denise do Pico, periodista estadounidense, explica los obstáculos que tienen las mujeres para realizarse personalmente debido a una extraña conspiración de los cronófagos, a los cuales además llama caníbales y consumidores del tiempo femenino.

Montherlant llamó cronófagos a los “devoradores” de tiempo. Se llama así, no a los que, buscando mayor eficiencia a sus vidas, avanzan a pasos gigantes y conquistan nuevas tierras cada día, tampoco lo son aquellos que disipan lamentablemente sus horas, yendo tras de ideales estériles o en tareas inútiles.

Cronófago, es un término cuya etimología griega es: khronos -tiempo y phagein-comer, alude a aquello que se come tu tiempo, es decir: un ladrón de tiempo.

Asimismo, cronófago es quien ejerce la cronofagia.

Resulta interesante parafrasear y analizar lo que nos dice Montherlant, acerca de los cronófagos pero antes, debemos recordar que Henry Marie Joseph Frédéric Expedite Millon de Montherlant, más conocido como Henry de Montherlant (París,1895-1972), fue un novelista, ensayista, autor dramático y académico francés quien luego de un fatal accidente perdió la vista, por lo que se suicidó ingiriendo una cápsula de cianuro y simultáneamente disparándose un tiro en la boca. Curioso final para alguien que sostuvo que el cronófago es un tipo patológico muy especial, muy difundido, enemigo declarado del hombre que tiene ganas de vivir, de trabajar, de triunfar.

El cronófago es el que visita un taller en horas de trabajo y va de puerta en puerta hablando con los trabajadores y destruyendo con su meliflua charla, la labor provechosa que esas manos tratan de hacer; va a las redacciones y distrae al personal.

En las fábricas, en los conservatorios, en las aulas, medios de comunicación, negocios, etc., en toda congregación de gente que trabaja, hay cronófagos. Y no se valen solamente de la visita; cuando se los rechaza, acuden al teléfono, al móvil a los mensajes, al Internet, al chat, redes sociales en general, también a la correspondencia, al “encuentro casual” y muchos otros medios. A veces destruyen el espíritu constructivo y creador de los demás, a fuerza de inculcarles su zumbido de zánganos; y luego son los primeros en reprocharles el fracaso, si éste se produce.

Y llevan así una vida poblada solamente de ecos, de bambolla: vacía. Para el que aspira a vivir mucho y con eficiencia, para el que aspira hacer una estada provechosa y feliz en el mundo, es un deber imperioso despojarse del pesado lastre de los cronófagos.

Ya lo decía el escritor normando André Maurois: Muchos seres humanos se quejan de la brevedad de la vida, ¿pero es que viven siquiera ocho horas al día?

Y en verdad, a quien no sabe ahorrar su tiempo, a quien no rinde lo que debiera, ni en cantidad ni en calidad, le diríamos: “Viva cien años, porque eso puede conseguirlo haciendo vida sana; pero no viva cien años de 365 días ociosos, sino un verdadero siglo de horas activas”. ¿No le decimos acaso “viva”? Vivir es actuar, es funcionar, es moverse. Y así su vida se medirá por las horas de provecho, no por las de holganza, menos de maldad.

Por eso, aléjese de los cronófagos que, al devorar su tiempo, se devoran lo mejor de su vida: el rendimiento, la verdadera eficiencia de su actividad.

Sin, embargo, pese a lo dicho, un cronófago puede ser útil; imagine una circunstancia en la que no llega a tiempo un orador, un artista, un grupo, etc., lo que se hace es echar mano de los cronófagos, de los que le distraen, le hacen pasar el tiempo, se lo hacen perder, mientras llega el motivo central de atracción; no estamos hablando de teloneros, aprendices o principiantes, sino de alguien que no estaba en el programa, no es grato, pero puede ser útil.

Maurois es el pseudónimo de Emile Herzog, biógrafo, novelista y ensayista francés e intérprete de la cultura británica (1885-1967)

Henry de Montherlant, Novelista y dramaturgo francés de origen catalán (1826-1972)

Silvya Do Picco, periodista estadounidense autora de Mujer sin Fin (Editorial B 2007)

Imagen cronofagia: Se trata del “Corpus Clock” y se encuentra en la Universidad de Cambridge. Funciona gracias a un mecanismo de relojería inventado en el año 1772 por el inglés John Harrison llamado “Grasshopper Escapement”. Sobre este particular reloj mecánico, se encuentra un saltamontes que se “traga” los minutos, quizás recordándonos que cada minuto que pasa, no se puede recuperar.  https://www.lareserva.com/el_reloj_mas_raro_del_mundo

lunes, 28 de junio de 2021

Respeto al honor, el tuyo y el mío ®Ivette Durán Calderón

 

 


El hombre es por antonomasia un ser social, que puede y debe vivir en sociedad, y para ello ha establecido normas, que se han ido mejorando con el transcurrir del tiempo y con el progreso mismo de la humanidad.

Basándonos en las enseñanzas del filosofo Felicien Challaye consideramos importante entender que para vivir en paz y buscar la felicidad, es necesario ser tolerantes con los errores ajenos, practicar la solidaridad y justicia como un ideal importante del esfuerzo humano. El sentimiento que nos lleva a no perjudicar a otro, es el de la justicia.

Al sentimiento que nos impulsa a hacer bien a los demás se le puede llamar caridad, entendiéndose por tal, el amor a los otros hombres sin que intervenga el amor de Dios. De ordinario los deberes del hombre para con la humanidad se dividen en deberes de justicia y, deberes de caridad.

Los deberes de justicia son comúnmente negativos; consisten en abstenerse antes que en


obrar y se expresan por medio de negaciones: No matar, No robar, No hacer el mal, No mentir, No calumniar, No traicionar…

De hecho, la justicia es el respeto al derecho o a los derechos del otro. Asimismo, la justicia ha sido definida como el sentimiento que nos impulsa a no hacer daño a los demás, siendo precisamente justos.

El vocablo justicia es aplicable a los hombres y a las sociedades. El hombre justo procura no hacer a los otros lo que a él no quisiera que otros le hiciesen. Una sociedad justa es una sociedad en que los derechos de todos son igualmente respetados.

De un modo general, los deberes de justicia consisten en respetar la vida de los demás, su libertad, su facultad de pensar libremente, su propiedad, su honor, los contratos suscritos y las promesas hechas.

El hombre debe respetar los derechos de los demás. El honor es un derecho. Es verdad que nuestro honor salvaguardado dentro de nosotros mismos, se hallará libre de todo ataque exterior, y además, es injusto privar a los demás del beneficio de la buena reputación motivados por intereses mezquinos, sean éstos políticos o simplemente personales. En este aspecto se condenan la injuria y el ultraje; la maledicencia que da a conocer malvadamente las intimidades y faltas de otro; la delación que denuncia secretamente la comisión de faltas que las autoridades pueden castigar; la calumnia que une la maldad con la mentira y puede llegar a ocasionar estragos en las familias y en las naciones; en suma, son censurables todos los actos que dañan el honor.

 La calumnia y el daño al honor son temas ancestrales y tan antiguos como la humanidad, son el arma favorita de los traidores, de los gratuitos detractores, de los envidiosos y acomplejados Con demasiada frecuencia se comete el error de decir: “no hay humo sin fuego”. Y los difamadores pérfidos aprovechan este estado de espíritu al repetir esta frase: “calumnia, calumnia que algo queda”.


En los tiempos que corren, aprovechar las redes sociales para escudarse detrás de un dispositivo para repetir, divulgar y compartir noticias que son simples especulaciones, rumores periodísticos, acusaciones o denuncias sin sentencia, es el más bajo nivel de la mediocridad de un ser indigno acomplejado y rebasado de envidia que, además, desconoce las leyes o hace caso omiso de ellas.

Dañar el honor es la sempiterna agresión rastrera y furtiva de quienes son incapaces de enfrentar a sus enemigos de frente y sin temor a las repercusiones. Recordemos que la calumnia y sus consecuencias son el tema central de la obra clásica “Otelo” de William Shakespeare.

Sin embargo, es preciso aclarar que si se presenta un caso de verdadero interés nacional y humano como ser la falta de honradez de ciertos hombres públicos y la denuncia va acompañada de pruebas aceptando las responsabilidades consecuentes, el cumplimiento de este deber constituye un acto tanto más meritorio, cuanto mayores son los riesgos de los que va acompañado.

Entonces, si somos inocentes víctimas ¿cómo comportarnos con quien nos ha hecho daño o nos ha ofendido? La decisión es personal. La moral religiosa de Cristo y de Buda nos dicen que: “hay que ser indulgente y perdonar”. Idea aceptable, sin embargo, no confundamos el perdonar, con nuestro deber de “defender nuestros derechos y nuestro honor” cuando estos son conculcados, violados, vejados y vilipendiados.

El pensamiento del célebre Confucio parecer ser menos idealista y de sabiduría más humana: “Hay que devolver bien por bien y, justicia por injusticia” acotando su magnánima sentencia: “deseo larga vida a mis enemigos…para que contemplen mis éxitos”.

 

Ivette Durán Calderón es jurista, experta internacional en Inmigración y Extranjería. Autora en diferentes géneros literarios, investigadora sociojurídica, comunicadora social y gestora cultural.  Contacto: ivettedurancalderon@gmail.com RR.SS.

lunes, 28 de octubre de 2019

La feminización de la delincuencia © Ivette Durán Calderón



 Del libro “Cuando ellas organizan el crimen” ©Ivette Durán Calderón

Hasta hace poco tiempo, se mantenía la tesis de que el “crimen era cosa de hombres” y
que la participación de las mujeres era secundaria, aleatoria o simplemente casual. Los hechos nos demuestran que no es así. Si las pandillas, maras o bandas delincuenciales han desarrollado una organización militar y empresarial, estamos hablando de crimen organizado, de delincuencia organizada, y no tiene por qué excluirse al sexo femenino.


Vale la pena puntualizar que las mujeres que se involucran en el crimen organizado no necesariamente lo hacen de manera involuntaria o forzada, existen mujeres malas, perversas, ambiciosas que saben exactamente lo que hacen y el objetivo que persiguen.
La Historia se ha encargado de demostrar que alrededor de las mujeres gira no solamente el amor sino también la rebelión y es ello lo que las convierte en malévolas, siniestras, tanto que delinquir para ese tipo de mujeres es algo cotidiano y aunque el mal y la perversidad son temas delicados de tratar, las malas no son tan malas como las describen ni las buenas lo son tanto como lo aseguran.
Una cosa es delinquir por necesidad y otra por perversidad. Incursionar en el crimen organizado, al extremo de ser ellas las que organizan un crimen, ya no debe sorprender a nadie. Puede ser que la conducta de las mujeres jóvenes violentas, se deba a su constante lucha por sobrevivir en un mundo que ha sido hecho por y para hombres.
Tampoco puede justificar su conducta los siglos de sumisión bajo el yugo masculino para poner de manifiesto su aletargado poder seductor, belleza, inteligencia, astucia, sensualidad y sobre todo maldad.

Diferentes estudios a nivel mundial, demuestran que la mujer se inicia en actividades delincuenciales organizadas o propiamente en el crimen organizado, también por voluntad propia, y a temprana edad.
El conocido discurso de que los causantes de este flagelo son el desarraigo familiar, incomprensión, violencia familiar, pobreza, abandono, emigración, inmigración, migración, violaciones, explotación, analfabetismo, ambición, abuso o coacciones, es absolutamente cierto. Sin embargo, son pocos y vanos los intentos que hacen las diferentes entidades sociales para evitar la proliferación y expansión de las agrupaciones delincuenciales conformadas por y con mujeres de diferentes edades, debido a que se ha estigmatizado la figura del varón como único y exclusivo delincuente capaz de organizarse, por eso se habla de “los pandilleros”, “los mareros” “los delincuentes” o “los atracadores” de un modo general, refiriéndose a las mujeres integrantes simplemente como sus “compañeras sentimentales” o “parejas”, no se habla de “socias”, “secuaces”, “jefas”, “capacitadoras” “entrenadoras” o “ejecutoras”.
Poco o casi nada exclusivo, concreto y puntual se habla de las mujeres pandilleras, mareras, mafiosas, sicarias, narcas, atracadoras, asesinas, terroristas o maleantas organizadas. Atribuyo ese hecho al mal uso o uso correcto, - según sea el caso- de los apelativos o adjetivos calificativos tanto en femenino como en masculino. Y es que” la” delincuencia no es femenina ni “el” crimen masculino. Sin embargo, no vamos a entrar en análisis frívolos de “miembros o miembras” del crimen organizado.
Las mujeres también se han organizado criminalmente, es una lamentable y lacerante realidad.
*Ivette Durán Calderón es jurista e investigadora histórico social.

sábado, 12 de octubre de 2019

Cronófagos, aquellos devoradores del tiempo ajeno © Ivette Durán Calderón




Poco se ha escrito acerca de los cronófagos, al punto de que muchas personas piensan
que es un sustantivo inventado por alguien; incluso han asociado este término con el de misógino. Silvia de Picco, explica los obstáculos que tienen las mujeres para realizarse personalmente debido a una extraña conspiración de los cronófagos, a los cuales además llama caníbales y consumidores del tiempo femenino.


Montherlant llamó cronófagos a los “devoradores“de tiempo. Se llama así, no a los que buscando mayor eficiencia a sus vidas, avanzan a pasos gigantes y conquistan nuevas tierras cada día, tampoco lo son aquellos que disipan lamentablemente sus horas, yendo tras de ideales estériles o en tareas inútiles.

Henry de Montherlant
El cronófago es un tipo patológico muy especial, muy difundido, enemigo declarado del hombre que tiene ganas de vivir, de trabajar, de triunfar.

El cronófago es el que visita un taller en horas de trabajo y va de puerta en puerta hablando con los trabajadores y destruyendo con su meliflua charla, la labor provechosa que esas manos tratan de hacer; va a las redacciones y distrae al personal.

En las fábricas, en los conservatorios, en las aulas, medios de comunicación, negocios, etc., en toda congregación de gente que trabaja, hay cronófagos. Y no se valen solamente de la visita; cuando se los rechaza, acuden al teléfono, al móvil a los mensajes, al Internet, al chat, redes sociales en general, también a la correspondencia, al “encuentro casual” y muchos otros medios. A veces destruyen el espíritu constructivo y creador de los demás, a fuerza de inculcarles su zumbido de zánganos; y luego son los primeros en reprocharles el fracaso, si éste se produce.


Y llevan así una vida poblada solamente de ecos, de bambolla: vacía. Para el que aspira a vivir mucho y con eficiencia, para el que aspira hacer una estada provechosa y feliz en el mundo, es un deber imperioso despojarse del pesado lastre de los cronófagos.

Ya lo decía André Maurois: -Muchos seres humanos se quejan de la brevedad de la vida, ¿pero es que viven siquiera ocho horas al día?”.

Y en verdad, a quien no sabe ahorrar su tiempo, a quien no rinde lo que debiera, ni en
cantidad ni en calidad, le diríamos: “Viva cien años, porque eso puede conseguirlo haciendo vida sana; pero no viva cien años de 365 días ociosos, sino un verdadero siglo de horas activas. ¿No le decimos acaso “viva”? Vivir es actuar, es funcionar, es moverse. Y así su vida se medirá por las horas de provecho, no por las de holganza, menos de maldad.

Por eso, aléjese de los cronófagos que, al devorar su tiempo, se devoran lo mejor de su vida: el rendimiento, la verdadera eficiencia de su actividad.

Sin, embargo, pese a lo dicho, un cronófago puede ser útil; imagine una circunstancia en la que no llega a tiempo un orador, un artista, un grupo, etc., lo que se hace es echar mano de los cronófagos, de los que le distraen, le hacen pasar el tiempo, se lo hacen perder, mientras llega el motivo central de atracción; no estamos hablando de teloneros, aprendices o principiantes, sino de alguien que no estaba en el programa, no es grato, pero puede ser útil.

Maurois es el pseudónimo de Emile Herzog, biógrafo, novelista y ensayista francés e intérprete de la cultura británica (1885-1967)
Henry de Montherlant, Novelista y dramaturgo francés de origen catalán (1826-1972)
Silvya Do Picco, periodista argentina autora de Mujer sin Fin (Editorial B 2007)

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